EN LAS NUBES
Si yo les dijese que mi empresa les propone una solución de TI para su negocio en la cual obtendrían ventajas tales como ahorro de costes, integración de dispositivos, centralización de almacenamiento, mejora de la productividad y disponibilidad 24/7/365, probablemente fuesen todo oídos.
La práctica es sencilla: Mi empresa pone la infraestructura principal (servidores, electrónica de red, mantenimiento de hardware, almacenamiento, etc.) y la suya sólo tiene que conectarse a la nuestra para acceder a todos los servicios que les proporcionamos. Amén de pagar una interesante cuota mensual.
Entre los servicios que mi empresa les ofrece se encuentran: aplicaciones varias (gestión de facturación, de proyectos, etc), almacenamiento de datos, servicio de correo de 5 GB por buzón (ampliables), alojamiento web, suite ofimática, mensajería instantánea, etc. Por supuesto, todo ello accesible desde cualquier parte del mundo en cualquier momento. Altogether now.
Imaginemos que tenemos una empresa con una oficina central y cuatro sucursales dentro de la misma provincia. Ustedes que son empresarios de pro, lo primero que probablemente pensasen sería algo como: "¡La de pasta que me puedo ahorrar con esto!" y ¿saben qué? Sería completamente cierto. Así que nada, se contrata.
A parte de tener que formar al personal de la empresa en el manejo de las nuevas herramientas, la cosa va como la seda. Todo el mundo trabajando, todo el mundo produciendo, todo el mundo feliz. El sistema va viento en popa a toda vela, y no cortan el mar sino vuelan los datos de su empresa por la nube.
Es jueves a media mañana. Hoy es el día en el que su empresa, tras reinvertir el dinero derivado del ahorro de costes en TI en una agresiva campaña de marketing, va a acometer una cantidad ingente de contrataciones de sus servicios. La competencia ha intentado hacer frente a su oferta, pero sus precios no pueden ser más competitivos. Todo está listo. Vamos allá.
¿Qué pasa aquí? No se puede acceder a ninguna de las aplicaciones, el correo no funciona, el sitio web de la empresa no está disponible y ni rastro de de la mensajería instantánea. En las sucursales los clientes hacen cola durante horas para que les atiendan.
La única persona que ahora conforma el departamento de TI de la empresa tiene el teléfono pegado a la oreja y la cara cenicienta. El CPD donde se alojaban sus datos ha sufrido un percance. Al parecer, debido a una fuga en el sistema anti-incendios del mismo, se ha producido una inundación que ha dejado los servidores inutilizables. Tendrán su backup de la semana pasada restaurado en un plazo máximo de 72 horas, haciendo honor a la clausula 7.1.2b del contrato de servicios.
La gente empieza a cansarse y a ver con buenos ojos la oferta de la competencia. Aparecen unos nubarrones en el cielo. Empieza a llover. Los últimos clientes potenciales se marchan. Bienvenidos al Cloud Computing.
La práctica es sencilla: Mi empresa pone la infraestructura principal (servidores, electrónica de red, mantenimiento de hardware, almacenamiento, etc.) y la suya sólo tiene que conectarse a la nuestra para acceder a todos los servicios que les proporcionamos. Amén de pagar una interesante cuota mensual.
Entre los servicios que mi empresa les ofrece se encuentran: aplicaciones varias (gestión de facturación, de proyectos, etc), almacenamiento de datos, servicio de correo de 5 GB por buzón (ampliables), alojamiento web, suite ofimática, mensajería instantánea, etc. Por supuesto, todo ello accesible desde cualquier parte del mundo en cualquier momento. Altogether now.
Imaginemos que tenemos una empresa con una oficina central y cuatro sucursales dentro de la misma provincia. Ustedes que son empresarios de pro, lo primero que probablemente pensasen sería algo como: "¡La de pasta que me puedo ahorrar con esto!" y ¿saben qué? Sería completamente cierto. Así que nada, se contrata.
A parte de tener que formar al personal de la empresa en el manejo de las nuevas herramientas, la cosa va como la seda. Todo el mundo trabajando, todo el mundo produciendo, todo el mundo feliz. El sistema va viento en popa a toda vela, y no cortan el mar sino vuelan los datos de su empresa por la nube.
Es jueves a media mañana. Hoy es el día en el que su empresa, tras reinvertir el dinero derivado del ahorro de costes en TI en una agresiva campaña de marketing, va a acometer una cantidad ingente de contrataciones de sus servicios. La competencia ha intentado hacer frente a su oferta, pero sus precios no pueden ser más competitivos. Todo está listo. Vamos allá.
¿Qué pasa aquí? No se puede acceder a ninguna de las aplicaciones, el correo no funciona, el sitio web de la empresa no está disponible y ni rastro de de la mensajería instantánea. En las sucursales los clientes hacen cola durante horas para que les atiendan.
La única persona que ahora conforma el departamento de TI de la empresa tiene el teléfono pegado a la oreja y la cara cenicienta. El CPD donde se alojaban sus datos ha sufrido un percance. Al parecer, debido a una fuga en el sistema anti-incendios del mismo, se ha producido una inundación que ha dejado los servidores inutilizables. Tendrán su backup de la semana pasada restaurado en un plazo máximo de 72 horas, haciendo honor a la clausula 7.1.2b del contrato de servicios.
La gente empieza a cansarse y a ver con buenos ojos la oferta de la competencia. Aparecen unos nubarrones en el cielo. Empieza a llover. Los últimos clientes potenciales se marchan. Bienvenidos al Cloud Computing.
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