El Voto Electrónico
El voto en las Asambleas o Juntas de Accionistas se encuentra plenamente de actualidad “gracias” al bochornoso espectáculo que todos hemos podido ver y escuchar a través de los medios de comunicación en la última Asamblea celebrada en el Real Madrid. Y digo bien, bochornoso, y creo que me quedo corto, por cuanto en ella sucedió, y más cuando, como justificación ante la primitiva forma de ejercicio de los derechos de voto de los compromisarios (a mano alzada y con un escrutinio de los votos bastante peculiar, unas señoritas repartidas por la sala contaban los brazos en alto), se escucharon en sus “mandamases” voces diciendo que era la mejor forma de hacerlo porque de otro modo podían estar votando “ocho horas”. ¿En qué siglo se han quedado anclados? ¿No conocen las innumerables posibilidades que las nuevas tecnologías ofrecen desde hace tiempo a los procesos de votación? ¿O es que no les interesa para poder continuar con sus tejemanejes?
El conocido refrán “el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra” alcanza en esta institución su máxima expresión. Todos recordamos como en las últimas elecciones a la presidencia se vivió una situación no menos rocambolesca con el voto por correo, situación que, por cierto, acabó en los Tribunales. Convendría recordarles a todos esos directivos que se encuentran anquilosados en sus sillones que el principio democrático está por y para algo, y que todos los accionistas merecen un respeto.
El voto electrónico presencial ofrece sistemas de participación muy heterogéneos, desde dispositivos electrónicos situados en el lugar de celebración de la votación (urnas digitales y papeletas electrónicas) hasta pantallas táctiles. ¿Cuánto puede suponer para la buena imagen de una entidad el que cada asistente a una Junta o Asamblea disponga de una pantalla táctil (Tablet PC o PDA) en la que poder ir marcando el sentido de su voto para cada uno de los puntos del orden del día? Las ventajas son muy claras (entre otras, eliminación del recuento manual de papeletas o de “brazos alzados”, reducción del tiempo de escrutinio de los votos, disminución de gastos de personal…), en cinco minutos se realizaría la votación, y las suspicacias se acabarían. Y en cuanto al voto electrónico a distancia o remoto, las posibilidades que ofrece Internet son incuestionables, pudiendo ejercer el derecho de voto desde cualquier lugar y en cualquier momento, utilizando para autenticarse únicamente un usuario y contraseña, un certificado digital o, incluso, una combinación de ambos. Estos procedimientos de votación son sencillos, flexibles, ágiles y contribuyen a mejorar la calidad democrática de una institución.
En definitiva, tanto para el ejercicio del voto electrónico presencial como a distancia, las nuevas tecnologías ofrecen múltiples soluciones, en las que el escollo a salvar es el grado de confianza que los votantes tengan en dichas herramientas. Conseguir la confianza de los votantes no se antoja muy complicado, se lograría ofreciendo adecuados niveles de seguridad con los que esencialmente se garantizase la discriminación de votantes no autorizados, la verificación de que el voto es escrutado en el sentido en el que ciertamente fue emitido, el desconocimiento del escrutinio hasta el final de la votación y no relacionar el voto con la identidad del votante. Por lo tanto, la seguridad que el voto electrónico debe ofrecer ante los problemas de confianza que se pueden plantear debe ser elevada, pero si se logra alcanzar ese nivel de seguridad, cualquier procedimiento de voto electrónico será incluso más seguro que una votación ejercida del modo tradicional.
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